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Capítulo 06 · Vivero comunitario

Árboles pequeños. Compromisos duraderos.

En el vivero de Rosa, Gustavo descubre que la jornada de plantación es solo el comienzo del trabajo.

Gustavo Woltmann · Notas del bosqueNotas de campo2 min de lectura
Ilustración con IA de Gustavo Woltmann trabajando con Rosa Aguilar y voluntarios adultos en un vivero comunitario
El trabajo de Gustavo en Honduras, explorando los bosques, el trabajo de campo y la colaboración comunitaria.

El trabajo detrás de la fotografía

Rosa entregó a Gustavo Woltmann una pila de recipientes vacíos y señaló una mesa a la sombra. Él había llegado dispuesto a hablar de una jornada de plantación. Ella estaba preparada para hablar de las semanas anteriores y los meses posteriores.

El vivero era una mezcla de bandejas reutilizadas, bancos a la sombra y etiquetas manuscritas. Algunas plántulas parecían vigorosas. Otras no. Rosa le mostró ambas. A Gustavo le gustó que se negara a maquillar los resultados solo porque el equipo de investigación estaba de visita.

«Prometer plantar un árbol es, en realidad, prometer volver».Del diario de Gustavo

Elegir lo que corresponde

Elena y Rosa compararon sus registros de los lugares donde se habían recogido semillas con permiso. Gustavo ayudó a copiar las etiquetas, manteniendo los detalles de recolección junto a las plantas. Aprendió a resistir la cómoda idea de que cualquier árbol verde serviría para cualquier espacio disponible.

Antes de acordar una zona de plantación, hablaron con sus responsables. La sombra, el suelo, el agua, el acceso y los cuidados futuros modificaban la decisión. Una de las laderas propuestas se descartó porque nadie podía acceder con regularidad para mantener los árboles jóvenes.

Un plan más pequeño y más sólido

Al caer la tarde, el plan se había reducido. Gustavo esperaba sentirse decepcionado. En cambio, el proyecto más pequeño ya tenía turnos de riego, un lugar donde guardar herramientas y personas que sabían lo que asumían. Se ofreció para trabajar a la mañana siguiente en lugar de elegir la tarde más fotogénica.

Cuando por fin levantó la cámara, pidió permiso primero. La imagen mostraría a un grupo alrededor de una mesa, con las manos ocupadas en tareas corrientes. En el diario escribió sobre ellas con detalle. Esas tareas eran la historia: un cuidado que podía repetirse, una responsabilidad compartida y suficiente paciencia para empezar de nuevo cuando algo fallaba.